martes 3 de marzo de 2009

Expedición de Malaspina

















En septiembre de 1788 el marino español de orígen italiano Alejandro Malaspina, junto a su amigo y compañero José de Bustamante y Guerra, redactan una propuesta para el gobierno español en la cuál se proponía la organización de una expedición con el fin de visitar las posesiones españolas en América y Asia.
A causa de la intensa actividad de la exploración del Pacífico que había realizado Francia e Inglaterra consecuentemente al ocaso del siglo XVIII provocó que el Reino de España reaccionase con la aceptación de la propuesta. Magallanes había cruzado el Pacífico y había descubierto Filipinas, así que España se consideraba propietaria absoluta del Mar del Sur, controlando Filipinas Oeste y casi toda la parte este desde Chile a California. No obstante, fue el caracter científico de las exploraciones fracesas lo que hizo responder a los intelectuales españoles con esta expedición.
La expedición tendría unos propósitos básicos:
- Incrementar el conocimiento sobre la ciencia natural (botánica, zoología, geología) y realizar observaciones astronómicas y «construir cartas hidrográficas para las regiones más remotas de América».
El proyecto recibió la aprobación de Carlos III, dos meses exactos antes de su muerte. La expedición, que contaba con las corbetasAtrevida y Descubierta, zarpó de Cádiz el 30 de Julio de 1789, llevando a bordo a la flor y nata de los astrónomos e hidrógrafos de la Marina española, como J. Gutiérrez de la Concha, acompañados también por grandes naturalistas y dibujantes, como el profesor de pintura José del Pozo y los pintores José Guío y Fernando Brambila, el botánico Luis Née, los naturalistas Antonio Pineda y Tadeo Haenke (la calidad de la tripulación no se reducía a su dotación científica: asimismo participó en la expedición Alcalá Galiano, que murió posteriormente en la batalla de Trafalgar el 19 de Octubre de 1805).
Las corbetas fueron diseñadas y construidaos especialmente para el viaje y fueron bautizadas por Malaspina en honor de los navíos de James Cook Resolution y Discovery (Atrevida y Descubierta).

Después de fondear durante unos días en Canarias, navegaron por las costas de Sudamérica hasta el Río de la Plata, llegando a Montevideo el 20 de septiembre. De ahí, siguieron hasta las Malvinas, recalando antes en la Patagonia. Doblaron el Cabo de Hornosy pasaron al Pacífico Suro (13 de noviembre), explorando la costa y recalando en la isla de Chiloé, Talcahuano, Valparaíso, Santiago de Chile, El Callao, Guayaquil y Panamá para alcanzar finalmente Acapulco en abril de 1791.

Al llegar allí, recibieron el encargo del rey Carlos IV de encontrar el Paso del Noroeste, que se suponía unía los océanos Pacífico y Atlántico. Malaspina, en lugar de visitar Hawaii como pretendía, siguió las órdenes del rey, llegando hasta la gahía de Yakutat y el fiordo de Prince William (Alaska), donde se convencieron de que no había tal paso. Volvió hacia el sur, hasta Acapulco (a donde arribó el 19 de Octubre de 1791), después de haber pasado por el puesto español de Nutka y el de Monterrey en California.

En Acapulco, el virrey de Nueva España ordenó a Malaspina reconocer y cartografiar el estrecho de Juan de Fuca, al sur de Nutka. Malaspina requisó dos pequeños buques, Sutil y Mexicana, poniéndolos bajo el mando de dos de sus oficiales, Alcalá Galiano y Cayetano Valdez. Dichos barcos dejaron la expedición y se dirigieron al estrecho de Juan de Fuca para cumplir la orden.

El resto de la expedición puso rumbo al Pacífico, navegando luego a través de las islas Marshall y Marianas y fondeando en Manilla en marzo de 1792. Allí, las fragatas se separaron. Mientras que la Atrevida se dirigió a Macao, la Descubierta exploró las costas filipinas. En Manila moriría por unas fiebres el botánico Antonio Pineda. Reunidas de nuevo, en noviembre de 1792, ambas corbetas dejaron Filipinas y navegaron a través de las Célebres y las molucas, dirigiéndose posteriormente a la isla Sur de New Zeland, cartografiando el fiordo de Doubtful Soud. La siguiente escala fue la colonia británica de Sydney, desde donde volvieron al puerto de El Callao, tocando en la isla de Tonga, y desde allí, por el Cabo de Hornos, regresaron a Cádiz el 21 de Septiembre de 1794.
La expedición levantó mapas, compuso catálogos minerales y de flora y realizó otras investigaciones científicas. Pero no abordó simplemente cuestiones relativas a la geografía o a la história natural. En cada escala, los miembros de la expedición establecieron inmediato contacto con las autoridades locales y eventuales científicos para ampliar las tareas de investigación.

A su regreso a España, Malaspina presentó un informe, Viaje político-científico alrededor del mundo (1794), que incluía un informe político confidencial, con observaciones críticas de carácter político acerca de las instituciones coloniales españolas y favorable a la concesión de una amplia autonomía a las colonias americanas y del Pacífico, lo que le valió que, en noviembre de 1795, fuera acusado por Manuel Godoy de revolucionario y conspirador y condenado a diez años de prisión en el castillo de San Antón de La Coruña.


El objetivo de Malaspina era realmente ambicioso. Aspiraba a dibujar un cuadro razonado y coherente de los dominios de la monarquía española. Para ello, no sólo contaba con los trabajos de sus colaboradores, sino que también investigó en los materiales de los principales archivos y fondos de la América española. A través de sus diarios y escritos, tuvieron cabida los distintos aspectos de la realidad del imperio, desde la minería y las virtudes medicinales de las plantas hasta la cultura, y desde la población de la Patagonia hasta el comercio filipino. De esta forma culmina, siguiendo los principios de la Ilustración, la experiencia descubridora y científica de tres siglos de conocimiento del Nuevo Mundo y la tradición hispana de relaciones geográficas y cuestionarios de Indias. Y lo hacen bajo una fórmula característica del período, pues, imbuido del credo cientifista y naturalista de la Ilustración, lo que hizo Malaspina en realidad fue componer una verdadera física de la Monarquía.

A su regreso, la expedición Malaspina había acumulado una cantidad ingente de material: la colección de especies botánicas y minerales, así como observaciones científicas (llegaron a trazar setenta nuevas cartas náuticas) y dibujos, croquis, bocetos y pinturas, era impresionante y, sin duda, la mayor que habrían de reunir en un solo viaje navegantes españoles en toda su historia.

De todo ese cúmulo de conocimientos y de la insuperable experiencia apenas se publicó un Atlas con 34 cartas náuticas. Durante el proceso de Malaspina en 1795 se habían pretendido eliminar los materiales de la expedición, que, sin embargo, fueron preservados en la Dirección de Hidrografía del Ministerio de Marina en Madrid. El grueso de aquel trabajo habría de permanecer inédito hasta 1885, cuando el teniente de navío Pedro de Novo y Colson publicó su obra Viaje político-científico alrededor del mundo de las corbetas Descubierta y Atrevida al mando de los capitanes de navío D. Alejandro Malaspina y D. José Bustamante y Guerra desde 1789 a 1794 (desgraciadamente, algunos materiales, como ciertas observaciones astronómicas y de historia natural, se habían perdido para siempre). No obstante, parte de las colecciones de historia natural acopiadas durante la Expedición, sobre todo las relacionadas con la Botánica, corrieron mejor suerte: el herbario de Luís Née fue donado al Real Jardín Botánico de Madrid, donde se conserva actualmente, y muchas especies fueron descritas gracias a estos materiales por su director de entonces, António José Cavanilles.


Fuente: Wikipedia.com



domingo 1 de marzo de 2009

Sea-Star "San Miguel" un peregrino de la mar.

Aún hoy, en las costas catalanas si se videa el horizonte atentamente se pueden distinguir entre las blancas crestas de las olas altas pirámides de blancas velas navegando con el viento como se hacía antaño. El Sea-Star "San Miguel" un bergantín-goleta con puerto base a Sant Feliu de Guíxols es uno de los grandes veleros que aún surcan los mares con la ayuda de la fuerza del viento y los elementos.




























El bergantín-goleta fué adquirido por su capitán con aparejo de goleta y a base del estudio y passión fué aparejado como bergantín-goleta, con el palo de trinquete con aparejo redondo y con su palo de mesana con aparejo de cuchillo. A lo largo de los últimos 4 años, el buque se ha ido remodelando según los cánones de los barcos de su clase, siendo fiel a los datos históricos. Este útlimo invierno se ha artillado con 6 piezas de artillería y sus costados han sido pintados según la enmienda de 1795.













Su tripulación, compuesta por marinos mercantes profesionales y respaldado por la ayuda de marineros voluntários se hacen a la mar con un objetivo claro, revivir la tradición marina hasta ahora casi olvidada y que muchos solo recuerdan con viejas películas épicas. El bergantín cumple tanto la función de buque escuela, como la del transporte de pasajeros apasionados por la mar y la navegación a vela, con el anhelo de revivir, aunque sea por unas pocas horas la sensación de ser empujado por la fuerza del viento a merced de los elementos, vivir des de cerca la trepidante aventura de la navegación y ser testigos del vigor y perícia de sus tripulantes.



















Más información en su página web: http://www.elnudomarinero.com